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Emprender, ¿es solo para ricos?

Los últimos años, y con más intensidad de forma reciente, se ha establecido un mantra recurrente y una queja repetida por muchos en redes sociales, que indica que el emprendimiento es algo solo reservado a ricos, a gente de clase social adinerada.

Se señala y critica a emprendedores que vienen de familias pudientes, porque ellos lo tienen muy fácil (ja!) gracias al dinero de papá (¡micromachismo detected!). Se afirma que solo los boomers (por su supuesta suerte generacional) o los cayetanos pueden emprender, porque solo ellos tienen el dinero necesario para ello.

Se lanzan acalorados debates sobre la meritocracia y el valor del esfuerzo, como el atinado artículo de David Bonilla el pasado domingo, con el que estoy muy de acuerdo. Como recoge David con ejemplos, muchos afirman que si no eres rico, lo tienes jodido para emprender.

He llegado incluso a ver críticas a los inversores por no facilitar la vida y dar dinero a emprendedores con menos recursos, como si la gente que invierte su dinero estuviera obligada a hacer una labor social. Spoiler: no, invierten para ganar dinero, punto. Para temas sociales tenemos al Estado y a las ONGs, lo contrario es caer en un infantilismo absurdo.

A ver: en toda esta historia hay un punto de razón, y es que para emprender hace falta dinero. Que es una perogrullada, claro, pero es que parece que algunos acaban de descubrir América, y se han dado cuenta de una verdad universal, que pasa ahora y lleva pasando desde que vivíamos en cuevas: tener dinero propio obviamente hace las cosas más fáciles, a todos los niveles. Y emprender no es una excepción.

Y sí, claro que hay muchos niños y niñas de papá tratando de emprender (y también la mayoría dándose unas hostias como panes al intentarlo, por cierto) gracias al apoyo familiar. Pues olé por ellos, por arriesgarse sin necesitarlo realmente (sería mucho más fácil vivir de las rentas, o entrar en la corporación de turno con enchufe y vivir del cuento sin dolores de cabeza).

¿Lo tienen más fácil? Pues claro, como en todo, pero es que la vida es así, aquí ahora, durante el franquismo, y en la China comunista: si eres de familia bien, tendrás más acceso a dinero y a contactos. ¿Sirve eso como excusa para no mover el culo si no eres descendiente de la pata del Cid ni te llamas BorjaMari de todas las efigies Martínez-Forrado de las Encomiendas? Pues no, no vale como excusa.

Los emprendedores siempre hemos tenido que buscarnos la vida para poner en marcha los proyectos, y una vez demostrada nuestra capacidad, entonces quizá (solo quizá, porque hay muchos dependes) los inversores nos apoyen para crecer.

Pero con lanzar un “soy emprendedor” e ir con una idea en la mano nadie consigue financiación. Los pijoprendedores tampoco, por cierto, básicamente porque los inversores no suelen ser gilipollas y no les gusta tirar el dinero: si invierten en alguien, cayetano o cani, es porque creen que van a ganar mucho dinero con él o ella.

Para gente con pocos recursos precisamente se inventaron las rondas FFF (Friends, Family and Fools) en fases muy iniciales, las subvenciones y ayudas públicos a nivel municipal, regional y nacional, incubadoras y aceleradoras, premios para emprendedores, fórmulas de crowdfunding… La verdad es que nunca ha habido tantas ayudas ni posibilidades como ahora. 🤷‍♂️

Yo empecé a emprender en el año 96 (sí, del siglo pasado niños). Con otros tres socios monté una SL (1.000 € cada uno que habíamos ganado cada uno buscándose la vida como pudo, yo trabajando de camarero en fiestas de pueblo), y a la calle a vender. Y ni ayudas, ni incubadoras, ni inversores ni hostias en vinagre: curro y ventas, y asumir el riesgo.

Y nos fue regulinchi, porque éramos unos tolais sin experiencia ni formación en emprendimiento, y tocó cerrar. Así que vuelta a buscar curro (estaba justo echando un CV para pizzero cuando encontré trabajo como periodista freelance gracias al gran Álvaro Ibáñez, que sin conocerme de nada me dio una oportunidad, cosa que nunca le agradeceré lo suficiente ❤️).

A partir de ahí, tocó currar mucho y gastar muy poco para juntar pasta y así poder montar proyectos, lanzándolos inicialmente con mis ahorros. Sin ayudas ni apoyos, ni familiares ni de instituciones públicas. A riñón, colegas.

Por ejemplo, Red Karaoke nació con una inversión de 3010 € que pusimos mi hermano y yo a medias, tras dos años montando el MVP en horas libres, fines de semana y vacaciones. Mientras trabajábamos en otras otras cosas para vivir, íbamos construyendo nuestro proyecto, y una vez lanzado y demostrado el potencial, entonces conseguimos inversión para crecer.

¿Startups Institute? Pues lo mismo: años de pensar y analizar, 9 meses de definición e ideación, e inversión con mi propio dinero para lanzar la escuela. Y sí, yo tengo la suerte de que ya con 53 palos y currando como una bestia desde los 17 me lo puedo permitir. ¿Es injusto que yo pueda y un chaval de 25 no? Yo creo que me lo he ganado, pero en cualquier caso la vida es así. 🤷

¿Qué puedes hacer si quieres emprender y no tienes un duro? Pues lo que hemos hecho todos: currar mucho y ahorrar todo lo que puedas, pedir pasta a familia y amigos para los primeros pasos, buscar socios que puedan poner dinero, buscar ayudas, presentarte a premios, aceleradoras e incubadoras… y por supuesto currar mucho, mucho, mucho.

Lo que sí te digo es que quejarte en redes y llorar por las esquinas no te va ayudar. Eso te lo garantizo. ¡Suerte y al toro! 💪🏽

Miguel A. Díez Ferreira es fundador y CEO de Startups Institute, y su director académico. Miguel lleva más de 25 años creando startups como Ya.com, RedKaraoke, una escuela de negocios digital, o Patio Campus entre otras muchas, con algunos éxitos notables en su trayectoria. También ha sido director de IMPACT, una de las mayores aceleradoras de Europa; ha mentorizado a más de 100 startups; y ha dado clase sobre emprendimiento durante más de 20 años en distintas universidades (Universidad de Navarra, CEU San Pablo, Universidad de Salamanca...) y escuelas de negocio (ISDI, EDEM, Deusto Business School y otras).

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